Chocolateadictos virreinales y modernos

Por: Prometeo Sánchez Islas


Hoy los científicos intentan corroborar si el chocolate es o no adictivo, así como las consecuencias de su consumo. Pero de lo que no hay duda, es que en América desde tiempo inmemorial ha sido objeto para la adoración divina y muy apreciado para encender la pasión.

Por Prometeo Sánchez Islas*

Antes eran los sacerdotes prehispánicos quienes conocían los secretos para convertir las valiosas semillas del cacao (que incluso circulaban como moneda), en la espumosa y deliciosamente amarga bebida llamada “chocolatl”. Hoy son los reposteros y fabricantes quienes, con sus postres y novedosas presentaciones, se han convertido en los magos que seducen la vista, el olfato, el gusto y mismísimo corazón, con sus dulces obras.
En tableta o en polvo; en figuras sólidas, huecas o rellenas; con o sin azúcar; orgánico o industrializado; combinados con semillas, frutas o leche; blanqueado o desamargado; diluido como bebida caliente o fría; integrado a la masa, la galleta o el betún de los postres; vaciado decorativamente sobre paletas, alimentos y hasta cuerpos humanos… en cualquiera de sus presentaciones o combinaciones, el chocolate es el más alto dignatario de los placeres dulces de la vida.
Este producto ha creado adictos a escala global desde que fue llevado por los españoles a Europa en el siglo XVI, y desde entonces no ha dejado de crecer en prestigio y sofisticación, sin por ello perder su valiosa presencia en las viviendas modestas y en los altares tradicionales.
Es curioso que desde que Tim Burton dirigió a Johnny Deep en la película “Charlie y la fábrica de chocolate”, el consumo per cápita ha ascendido en los Estados Unidos hasta triplicar en la actualidad el promedio europeo, en formas que van desde las más comerciales de los supermercados, hasta las más ostentosas de las chocolaterías gourmet.
Todo chocoadicto justifica su “negra culpa” con un argumento por demás cierto: le hace sentirse muy bien, física y emocionalmente. Y aunque los científicos argumenten que en realidad no causa adicción como las drogas al no producir el llamado síndrome de abstinencia, lo cierto es que el anhelo, ansia o deseo de consumirlo llega a ser muy poderoso, especialmente cuando se está triste, deprimido o insatisfecho por alguna causa, presentándose el chocolate como un curalotodo, con el que se obtienen mejores resultados en tanto más negro o puro sea.

Lo que dice la ciencia
Los modernos nutricionistas explican que el chocolate oscuro es altamente benéfico para la salud por sus cualidades antioxidantes y antidepresivas, además de conservar la capacidad del cacao para reducir el colesterol y la presión arterial. Sin embargo, al combinarse con leche estas virtudes suelen perderse.
Algunos de los componentes de esta maravilla son el triptófano (hormona del bienestar), fenilefilamina (endorfina que mejora el estado de ánimo), anandamina (sustancia tranquilizante), magnesio (alivia el síndrome premenstrual y el enojo), teobromina (estimulante del sistema nervioso que contrarresta los “bajones”), grasa vegetal (sensación de satisfacción) y glucosa (ayuda a quien padece hipoglucemia).
Las características del chocolate lo convierten en un remedio eficaz contra la ansiedad, la depresión y el descanso extremo, equivalente en ocasiones al café por su aporte momentáneo de energía y su sensación de plácida satisfacción.
Pero desde luego, los especialistas advierten acerca de su abuso, por el sobrepeso y todos los males relacionados con la grasa, el azúcar y la abundancia alimentaria. Su consejo es: disfrutemos el chocolate pero hagamos suficiente ejercicio físico; o bien, sustituye eventualmente el chocolate por otros productos naturales como la Hierba de San Juan, miel de abeja, dulces de maple natural y similares.

Jicarazo de chocolate
Augusto Sesto nos ofrece una fotografía de la adicción al chocolate durante el virreinato, a través de un relato que él tituló “envenenado de un jicarazo” .
La frase “dar jicarazo” es similar en intención a “le dieron su cafecito” o “le dieron matarili”,  y tuvo su origen en un suceso acaecido en la ciudad de Chiapa de los Indios, o Chiapa la Real (hoy de Corzo ).
La ciudad es linda e interesante y son famosas sus fiestas ribereñas y acuáticas, en las que se queman castillos fantásticos en el río dormido, por la noche.
Las mujeres de Chiapa de Corzo son bellas y fornidas, y tienen esa vanidad tan peculiar de las chiapanecas en general, lo que hace más creíble la leyenda que se les cuelga.
Llegó a la Ciudad Real de Chiapa en 1622, para hacerse cargo de aquel obispado, monseñor Bernardino de Salazar y Frías, varón muy celoso de su misión episcopal, y se encontró con que las pálidas mujercitas cristianas, quejándose de debilidad en el estómago y de flaquezas que las hacías desfallecer, no podían asistir a los oficios divinos en la Catedral sin tener a su lado, en el templo, una jícara de espumoso chocolate, bien caliente y algunos dulces que amenguaran aquella pena que sentían en el estómago…
Chocó al obispo tal costumbre, por irreverente, y trató de disuadir a las damas de que sus servidores y criados siguieran llevándoles el Soconusco y las golosinas a la iglesia, exhortándolas desde el púlpito.
Mas no dio ningún resultado la prevención; más bien aumentaron los chocolates en la casa de Dios. El obispo, entonces, fulminó una excomunión contra las damas desobedientes y antojadizas.
Las señoritas amenazaron con no volver a la iglesia, primero, y después reflexionándolo, acudieron al padre Tomás Gage y al prior de los dominicos para que intercedieran con Su Ilustrísima a fin de que retirase la excomunión, que podría dar lugar a tumultos por el descontento que había en Chiapa la Real.
El señor obispo se mostró inflexible y en eso vino el primer choque, cuando los canónigos pretendieron quitar a la servidumbre de las feligresas las jícaras de chocolate y los biscochos que llevaban a sus amas a la iglesia mayor, saliendo sus deudos en defensa suya y armándose la gorda, al extremo de salir a relucir las armas de los caballeros.
Desviaron las damas sus paso de la Catedral, yendo a oír misa a los conventos. También contra esa rebeldía lanzó una excomunión el prelado Salazar y Frías. La contestación del bello sexo fue dedicarse a ingerir Soconusco en grandes cantidades dentro de sus casas, no asistiendo ya a ningún templo.
En esos días empezó a susurrarse que el obispo había caído enfermo, y que su estado era delicado, encontrándose al lado del prior de los dominicos, quien mejor lo cuidaba de sus dolencias. Monseñor había sufrido un envenenamiento, y falleció a los ocho días, con gran consternación de quienes eran leales a su autoridad.
Se achacó aquel envenenamiento a una señorita que tenía amistad con los pajes del prelado, de los que parece se valiera para suministrarle el veneno que le mató.
El padre Tomás Gage, a quien debemos el relato, afirmó haber hablado con aquella señorita, la que se permitió decir que “pocas personas habían sentido la muerte del pastor” y añadió que, “por repugnarle tanto el chocolate que ellas tomaban, le había sentado mal el que tomara en su casa” o, en otras palabras, que “le habían dado un jicarazo”… Esto nos recuerda el dicho: “al que no quiere chocolate… siete tazas”, o siete jícaras, con su toloache correspondiente.
Ya se verá por eso que, las leyendas y bellaquerías a que ha dado lugar el chocolate son interminables, pudiendo decirse otro tanto del café. Todavía se acostumbra decir, cuando alguien sufre un gran disgusto: “le dieron su café”…
Ante este desigual batalla entre el placer chocolatoso y las ordenanzas religiosas, Augusto Sesto concluye que “¡Con razón se suprimió el obispado de Chiapa la Real!”.

No queda más que afirmar, sea científica o empíricamente, que la magia negra del chocolate, aún combinada con nueces, almendras, frutas, especies, leche o licores, es el rey insustituible de los dulces y continuará hechizando voluntades y transgrediendo culpas por mucho tiempo más.

*. Miembro del Seminario de Cultura Mexicana. prome1954@yahoo.com.mx

Este relato se publicó en Leyendas y sucedidos del México colonial de Augusto Sesto quien dice haberla tomado de un documento impreso en Londres en 1648, del dominico irlandés Tomás Gage, quien regresó de la Nueva España después de trabajar como cura en Chiapa de Corzo.

Ahora se llama Chiapa de Corzo en honor a Angel Albino Corzo, quien defendió este municipio de las fuerzas del imperio mexicano en 1863. Se le llamó “de los indios” porque hasta 1600 era un obispado independiente del de San Cristobal de las Casas, al que se llamaba “Chiapa de los españoles”.

El Soconusco es una región del estado de Chiapas en la que se produce mucho cacao y café. Dado que el cacao es la materia prima del chocolate, se aplica “Soconusco” como sinónimo de esa bebida.