AMOS OZ (28-Dic. 2018)

Por: R.A


Nacido en Jerusalén en mayo de 1939, murió el  28 de diciembre de 2018. Tal vez el autor israelí más leído en el mundo, fue hijo de judíos llegados de Europa del Este huyendo de los horrores del holocausto. Estudió filosofía y literatura en la universidad hebrea de Jerusalén. A los 22 años, comenzó a publicar libros que a lo largo de su vida sobrepasaron el número de veinte. De los más conocidos podemos mencionar: La caja negra, En la tierra de Israel, Una historia de amor y oscuridad. Otros libros suyos agruparon colecciones de relatos cortos y ensayos y más de 400 artículos de opinión que fueron publicados en prensa internacional.

Creció en una familia que él solía calificar como “sionista militante”. Cumplió su servicio militar en la brigada Najal como reservista, durante las guerras de los Seis Días y la de Yom Kipur en 1973. Su verdadero apellido era Klausner y él lo cambió por Oz que significa fuerza y la calidad de su narrativa lo hizo acreedor a los premios Príncipe de Asturias y el premio Israel de literatura. Su identidad judía no estaba basada en la fe, sino soportada desde tiempos ancestrales en las palabras. Basada en la aseveración de no creer en Dios ni en los nacionalismos. Escribió: “Una parte de las Escrituras, incluida la Biblia en sus más elocuentes momentos, hace alarde de opiniones que no podemos entender y establece normas que no podemos obedecer. Todos nuestros libros son falibles”.

Siempre estuvo contra el fanatismo que analizó y combatió desde el grupo israelí “Movimiento de Paz”. Sus análisis y opiniones al respecto, los publicó en un librito: Contra el fanatismo, de donde tomamos los siguientes párrafos: “El fanatismo está presente en nuestro entorno y tal vez también dentro de nosotros mismos. ¡Conozco a bastantes no fumadores que te quemarían vivo por encender un cigarro por encender un cigarro cerca de ellos! Conozco a pacifistas deseosos de dispararme directamente a la cabeza solo por defender una estrategia ligeramente diferente a la suya para lograr la paz con los palestinos. No estoy sugiriendo  que cualquiera que manifieste opiniones vehementes sea un fanático, claro que no. La semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar un acuerdo”

Confesaba que él era un experto en fanatismo pues de niño, “ … en Jerusalén, yo también era un pequeño fanático con el cerebro lavado. Con ínfulas de superioridad moral, yo era un chico que lanzaba piedras, un chico de la Intifada judía. En el fondo, la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de  enderezar al hermano en vez de dejarles ser”.

Y proponía una posible solución para neutralizar el fanatismo: “Sin tomarse lo que voy a decir al pie de la letra, me atrevería a asegurar que el sentido del humor es un gran remedio. Jamás he visto en mi vida un fanático con sentido del humor. Tener sentido del humor implica habilidad para reírse de uno mismo. Es relativismo, mirarte como los otros te miran, caer en la cuenta de que, por muy cargado de razón que uno se sienta y por muy terriblemente equivocado que estén los demás sobre uno, hay cierto aspecto del asunto que siempre tiene su pizca de gracia”.

Tenemos mucho que aprender de Amos Oz, en estos tiempos de gritos y sombrerazos contra los adversarios políticos.